sábado, 20 de octubre de 2012

LA VIRGEN MARÌA PARA UN CATOLICO

 LA VIRGEN MARÌA PARA UN CATÓLICO

¿Quién como Dios?
Como católicos, sin lugar a dudas, hemos escuchado hablar algo de la Virgen María… sea porque nuestros padres nos hablaron de ella en nuestra tierna infancia, sea que en las actividades de la fe católica hayamos escuchado algo de ella, sea que en un momento determinado la hemos buscado para pedirle un “milagrito” que necesitábamos… Sea lo que sea, algo hemos oído hablar de la Virgen María…

Pero, ¿quién es la Virgen María en verdad? ¿Qué puede hacer por mí?, más aún ¿qué puedo hacer yo por ella? Tenemos que reconocer con humildad que, en muchas ocasiones, la relación que hemos tenido con Nuestra Señora ha sido lo que San Luis María Grignón de Montfort llama “una devoción interesada”. En efecto, de los “devotos interesados” nos dice el Santo: “Son aquellos que sólo acuden a María para ganar algún pleito, evitar un peligro, curar de una enfermedad o por necesidades semejantes... sin las cuales no se acordarían de Ella.”[1] ¿Cuántos rosarios hemos rezado en momentos de necesidad? ¿Cuántas visitas a Santuarios Marianos? ¿Cuántos martes de María Auxiliadora para pedir ayuda a Nuestra Señora? ¿Con cuánta fe hemos portado el escapulario carmelita? ¡No voy a decir que esto está mal! Hay que reconocer que esto manifiesta la firme convicción que tenemos los católicos respecto a la intercesión de la Inmaculada… esta certeza de su intercesión está bien respaldada por las Sagradas Escrituras (cfr. Jn 2,1-11) y el magisterio de la Iglesia cuando afirma que “La misión maternal de María hacia los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia”[2]. Sin embargo, me veo en la obligación de decirles, mis queridos hermanos, que esto es apenas una cara de la moneda. Así es. Cual moneda de oro finísimo, la devoción a la Virgen tiene, por decirlo así, “dos rostros”, de los cuales conocemos, casi exclusivamente, uno: su poder de intercesión. Sin embargo, repito, hay que reconocer que hemos descuidado, casi por completo, el otro lado de la moneda que se encuentra opaco y casi no se puede distinguir… me refiero a la imitación de las virtudes de María, a su conocimiento y seguimiento como primera discípula… en pocas palabras: la devoción a María como modelo. A este respecto nos dice el Papa Juan Pablo II: “los fieles luchan todavía por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos”[3].

Es que en medio de este mundo post-modernista, configurado por el facilismo y sentimentalismo al exceso, resulta nada cómodo imitar a la Virgen María… ¡Y es que su vida tiene mucho para decirnos! Las múltiples facetas de la vida de la Virgen que podemos contemplar en el Evangelio se convierten para nosotros en un itinerario de vida y de seguimiento del Señor… La docilidad de esta mujer, nos exhorta a ser verdaderos seguidores del Señor.

Cuando observarnos a Nuestra Señora llena de fe, diciendo su “Fiat” ante el Ángel (cf. Lc 1,26-38), sentimos que su fe nos exhorta a lanzarnos confiadamente a los brazos del Señor… cuando la contemplamos yendo “cum fastinationem”[4] a servir a su prima Isabel (cf. Lc 1,39ss) sentimos que su caridad ardiente nos quema y nos abraza… cuando vemos a toda una Doncella, Madre de Dios, presta a ayudar, cual empleada del servicio, a la parturienta Isabel (cf. Lc 1,56) vemos pisoteada nuestra loca soberbia y pulverizado nuestro orgullo… ¡Cómo no sentirnos exhortados viéndole dar a luz al Mesías, en el establo más pobre (cf. Lc 2,1ss), mientras nosotros estamos rodeados de mil superficialidades y Jesús, en el hermano pobre, sigue muriendo de frío!

Verla en el Templo presentando al niño Dios (Lc 2,22ss), y 12 años más tarde (Lc 2,41ss) llevándole a celebrar su Bar Mitzvah[5] nos habla de su obediencia amorosa a los mandamientos de Dios… mandamientos que nosotros tenemos olvidados casi por completo.

Contemplarla, finalmente, erguida al pie de la cruz (Cf. Jn 19,25) nos habla de su fortaleza y de la firme convicción que tenía de que todo lo que sucede, por malo que parezca, sucede “para el bien de los que aman al Señor.” (Rm 8,28).

Ahora, cabría preguntarnos: ¿tenemos la fe de esta Mujer o nos desesperamos y renegamos ante el primer “problemilla” que nos resulta? ¿Participamos, por lo menos, de algo de su “caridad ardiente” o estamos tan preocupados de nosotros mismo que no tenemos tiempo para los demás? ¿Imitamos en algo la Humildad de esta Reina o sentimos que somos dueños de esta tierra debajo de la cual estaremos en algunos añitos? ¿Y cómo anda nuestra ayuda a los pobres y nuestro desprendimiento de los bienes terrenos? ¡El pesebre no es un adorno navideño sino un grito contra nuestra avaricia! Pero sigamos en esta reflexión… ¿Somos de los que cuestionamos todas las leyes de Dios y de la Iglesia y nos atrevemos a pedir algo a Aquella, Madre del Hacedor de las leyes, que se le sometía amorosamente? Finalmente, ¿Seguimos pidiendo algo a la Virgen mientras crucificamos a su Hijo con nuestro pecado? ¡Perdonen lo duro, mis amigos, perdonen lo duro!... ¡pero es que debemos desempolvar esta cara de la moneda! Porque si no lo hacemos, no sólo estamos deformando el auténtico culto a la Madre de Dios, sino que por nuestra lejanía de la Voluntad de Dios podremos llegar al ridículo de suplicar a la Virgen una desgracia para alguien. Casos conocemos… doloroso casos.

Al principio preguntábamos ¿qué podemos hacer nosotros por la Virgen María?... dejemos que Ella nos responda: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5)… sí, ser verdaderos discípulos misioneros de Jesús… eso es lo que podemos y debemos hacer por Nuestra Señora.

En fin, mis queridos hermanos, mi único anhelo con esta pequeña reflexión es que quedemos bastante cuestionados en cómo está nuestra devoción a la Virgen María y si bien, podemos y debemos seguir suplicando su intercesión, no es menos apremiante la urgencia que tenemos de imitar sus virtudes y ser verdaderos discípulos de Jesús.


1 comentario:

Unknown dijo...

esta muy bien elaborado